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Halo de Seguridad, el controvertido artefacto que sigue salvando vidas en la F1

Una de las grandes controversias en la F1.
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Polémico, pero ha cumplido su función | Foto: @f1gregoryheirman

“Nunca he sido un fanático del halo, pero debo decir que estaba muy contento de haberlo tenido hoy sobre mi cabeza”, decía, entre risas nerviosas, el piloto francés de F1, Charles Leclerc, luego del Gran Premio de Bélgica celebrado en agosto de 2018.

El entonces corredor del desaparecido equipo Sauber (hoy en Ferrari), estuvo a centímetros de ser golpeado en la cabeza por el auto del español Fernando Alonso en el circuito de Spa-Francorchamps. Los neumáticos de Alonso quedaron marcados sobre el halo de seguridad del coche de Leclerc, evitando así la tragedia. El evento queda perfectamente registrado desde la cámara a bordo del piloto galo.

Justo al comienzo de aquella temporada del 2018, la polémica en la máxima categoría del deporte motor giraba en torno a la implementación del halo como una nueva medida de seguridad por parte de la Federación Internacional del Automóvil (FIA).

El escepticismo y voces que se oponían al nuevo aditamento dentro de los automóviles de F1 eran abundantes: desde prensa especializada, hasta pilotos y ex corredores profesionales e incluso los propios ingenieros. Y es que el dispositivo modificaba por primera vez lo que los fanáticos de la F1 consideraban como la esencia del serial: carreras de autos con cabina abierta.

No obstante, el controvertido y polémico artefacto acabó con cualquier tipo de crítica en su contra gracias a tardes como la de aquel verano en Bélgica. Por que sí, aquel día Leclerc será recordado como el primer piloto que salvó su vida gracias al halo, pero por fortuna, no será el único.

Un doloroso camino

Conducir un auto de carreras a velocidades que superan los 300 kilómetros por hora sin ningún tipo de rubor, nunca puede ser seguro. Sin embargo, desde la década de los noventa, la máxima categoría ha tenido una prioridad: cualquier cosa que se pueda hacer por la seguridad de los pilotos es innegociable.

Y es que el espectáculo de la Fórmula 1 se construyó sobre la velocidad, las frenadas retrasadas, los rebases de alarido y las exhibiciones en lluvia; pero también lo ha hecho sobre la tragedia: entre 1953 y 1994, un total de 41 pilotos perdieron la vida en algún entrenamiento, clasificación o carrera de un Gran Premio. Es decir, en promedio murió un corredor al año en la F1, número que para los seguidores de nueva generación puede parecer escalofriante.

El problema es que, en la segunda mitad del siglo XX, las autoridades del automovilismo se excusaban bajo el cruel argumento del riesgo intrínseco y asumido por los propios pilotos. Se trataba de “gajes del oficio”, pero todo cambió el 1 de mayo de 1994 en Imola. Aquel GP de San Marino en el legendario autódromo de Enzo y Dino Ferrari, fue el último del que para muchos es considerado como el mejor piloto de todos los tiempos.

Tamburello es el giro más rápido del circuito italiano y durante mucho tiempo, una de las curvas más temidas por los pilotos. Con Michael Schumacher pisándole los talones en la disputa por el campeonato, Ayrton Senna perdió el control de un indomable Williams en la ya mencionada curva, para terminar impactando a toda velocidad contra un muro de contención que se encontraba a escasos metros.

Aquel día, la máxima categoría perdió a su piloto estrella, máxima figura y emblema. Así surgió una imperiosa necesidad de cuidar a toda costa el máximo patrimonio de este deporte: el talento de los corredores. Se tomaron una serie de determinaciones que cambiarían la F1: circuitos abandonaron el calendario, y otros fueron modificados a los estándares que imponía la nueva regulación de la FIA, con amplias salidas de pista, trampas de gravilla en zonas con curvas de alta velocidad o muros de contención capaces de absorber de mejor forma los impactos, por mencionar solo algunas.

Fue así, que desde 1994 a la fecha, solo un piloto ha perdido la vida en carrera (Jules Bianchi, en el Gran Premio de Japón 2014), cambiando una tendencia dramática con circuitos y automóviles cada vez más seguros para los pilotos. Sin embargo, entrada la segunda década del nuevo milenio, la F1 sabía que aún tenía un tema de seguridad pendiente, y el lamentable accidente de Bianchi en Suzuka lo confirmaba.

El Halo de la salvación

En la última década quedó claro que la cabeza expuesta del conductor era el gran riesgo que quedaba sin resolver en la Fórmula 1. Por ello, el organismo rector de la categoría inició hace unos años trabajos para mejorar la seguridad en el área de la cabeza de los pilotos, sin comprometer el diseño de los autos de cabina abierta.

La solución más eficiente para brindar seguridad e intentar no traicionar la esencia de la competición fue el halo, un dispositivo hecho de titanio con forma de T curveada que se instala en la parte frontal de la cabina del piloto. Es una barra que si bien pareciera no marcar ningún tipo de diferencia, tiene una resistencia de hasta 12 toneladas, equivalente al peso que tienen los autobuses de doble piso de Londres.

El dispositivo surgió tras varios años de investigación y miles de pruebas de seguridad, y ha mostrado su enorme eficiencia desde el primer instante. Sin embargo, se trató de una decisión que encontró un sin fin de detractores, a los cuales ha tenido que ir convenciendo con el paso de los años.

Halo de seguridad formula 1 f1

Foto: @f1gregoryheirman

Estética y velocidad vs seguridad

Si bien la mayoría de los pilotos actuales acogió con agrado la implementación del halo, este no fue bien recibido por toda la comunidad de F1. El hecho de que el halo añadiera 10kg de peso al vehículo, afectando así la aerodinámica, fue una de las principales preocupaciones.

El triple campeón mundial Niki Lauda, a quien los millennials conocimos gracias a la película Rush: pasión y gloria (2013), fue uno de los primeros en calificar el halo como una decisión equivocada. Lauda, que en 2017 fungía como directivo y asesor de la escudería Mercedes, mencionó que se trataba de una “reacción exagerada” que “destruía” el buen trabajo de la F1 para hacer los autos más rápidos.

Una crítica sorprendente sobre todo viniendo de alguien que estuvo a punto de perder la vida en el Gran Premio de Alemania de 1976 tras un terrible accidente en el que quedó envuelto entre las llamas de su auto. Pero al parecer, los pilotos, sobre todo los antiguos, tienen el alma de Ícaro y poco les importa volar cerca del sol.

Otras figuras destacadas, incluido el campeón Damon Hill, también mostraron su desacuerdo, en línea con numerosos aficionados y periodistas. Las críticas también se centraron en la estética, pues por primera vez los autos de F1 no tienen la tradicional cabina abierta. Y sí, la estética y línea de los autos de Fórmula 1 se jodio un poco con la implementación del halo, pero cualquier sacrificio en la apariencia de los bólidos vale la pena cuando se trata de salvar vidas.

Tras lo ocurrido con Leclerc en 2018, muchos críticos comenzaron a tener una nueva perspectiva del halo, la cual se ha reafirmado en épocas recientes.

Dejavu

El de Charles Leclerc en Bélgica no fue un hecho aislado para probar la enorme efectividad del halo de seguridad al momento de evitar acontecimientos letales. Durante la temporada de 2020, Roman Grosjean sufrió un aparatoso accidente en el GP de Bahrein tras perder el control de su coche e impactar contra el muro de contención a gran velocidad.

El halo de seguridad permitió que el impacto contra la valla no se diera de forma directa en la humanidad del piloto, lo que le permitió a Grosjean mantenerse consciente para poder salir de la cabina del auto antes de que comenzará a ser consumida por el fuego.

Y sin irnos tan lejos, hace apenas un mes en el GP de Italia el halo de seguridad permitió que Lewis Hamilton saliera ileso tras una colisión con Max Verstappen, en plena lucha por el Campeonato Mundial. El halo de seguridad impidió que la rueda trasera del auto de Verstappen aplastara por completo la cabeza del piloto británico y siete veces Campeón del Mundo, evitando lo que en otras épocas hubiera sido un drama.

Por lo tanto, el controversial y polémico artefacto de seguridad ha dejado de estar en discusión. La conversación ya no gira en torno a su utilización, ya solo se aprecian las vidas que ha salvado a lo largo de estos casi cuatro años. Y sin duda, sin importar lo feo que se vean los coches, ha hecho que la Fórmula 1 sea un mejor deporte.

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